¿Aprender de memoria o memorizar?

A ti, estudiante, te lanzo esta pregunta: ¿Aprendes de memoria o memorizas?

Quizá te parezca lo mismo expresado con distintas palabras, pero nada más lejos de la realidad. Hay una gran diferencia entre cada método y, por supuesto, una marcada diferencia en los resultados de optar por una vía u otra.

¿Y cuál es la diferencia?

Aprender de memoria es el método “clásico”, es un método de repetición, en el que memorizamos conceptos casi de forma mecánica, pero en el cual no los interiorizamos ni los hacemos nuestros para que sean útiles y provoquen un cambio, un aprendizaje real. Esto quiere decir que no son conceptos que se mantengan en nuestra mente de forma consistente, se perderán.

Memorizar, por otra parte, es una etapa de un proceso más complejo: el aprendizaje. Aprender es  un cambio permanente en el comportamiento que nos muestra la interiorización de conocimientos y habilidades a través de distintos métodos.

¿Así que aprender es un cambio? Efectivamente. Pensemos en un niño o niña que aprende a hablar, o a leer, o a montar en bicicleta. Antes no sabía, y después se produce un cambio en el que se interioriza un aprendizaje. Ahora sabe hablar, leer o montar en bicicleta. Hay un cambio. Y para que se haya producido ese cambio, se han debido de interiorizar conceptos, técnicas, métodos, soluciones, alternativas…

Memorizar, dentro del aprendizaje, es una etapa que requiere un trabajo de comprensión y asimilación de contenidos. Obviamente, hay elementos que hay que aprender de memoria, como puede ser una fecha o una expresión concreta, pero para la adquisición de un conocimiento bien asentado, útil y práctico y, lo más importante, que nos ayude a crecer y ser, necesitamos aprender.

¿Cuáles son las fases del aprendizaje?

Existen diversas teorías en función del psicólogo o pedagogo por el que te decantes, pero en general se coincide en unas fases determinadas. Si quieres tener más poder sobre tus estudios y conocimientos, lee y observa las fases y cuestiónate cada pregunta.

  1. Sensibilización: es la parte relacionada con la motivación y las expectativas del estudiante. Si no hay motivación, no se puede comenzar el proceso. Hay que potenciar esa motivación y hacer que el alumno o alumna busque sus metas. ¿Cuáles son tus metas en aquello que estás aprendiendo? ¿Te sientes motivado/a y con ganas?
  2. Atención: la atención del estudiante es básica para continuar con el proceso. A través de esa atención nos llega toda la información del entorno de aprendizaje. ¿Prestas atención de forma activa?
  3. Adquisición: aquí se dan tres procesos; la comprensión (entender la información que nos llega), la retención (recordar dicha información) y la trasformación (acomodación de los conocimientos). ¿Respetas estas tres fases o pasas directamente a la retención por repetición?
  4. Personalización y control: en este punto, el estudiante toma las riendas y la responsabilidad de su aprendizaje. ¿Te haces dueño de tu propio aprendizaje?
  5. Recuperación: cuando ya está el conocimiento “almacenado” en la memoria, la recuperación es el proceso por el cual traemos a nuestra mente la información y el material aprendido. ¿Es posible recuperar la información de forma adecuada si no hemos pasado por las etapas previas?
  6. Transferencia: la última etapa, en la que los aprendizajes previos se entrelazan con los nuevos conocimientos. ¿Relacionas conocimientos aprendidos con anterioridad con los nuevos?

Según planifiques y estructures este proceso, así variarán en parte los resultados. Es una buena forma de analizar cómo estamos realizando nuestro trabajo como estudiantes.

En Formaeduca ofrecemos planes de apoyo para estudiantes que pueden ayudarte a organizarte y buscar la forma más adecuada de estructurar tu forma de estudio.

Así que… ¡Ánimo! ¡Que junio ya está aquí!

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